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Quién soy?... Nací en Buenos Aires, Republica Argentina. Muchos años de mi vida, transcurrieron en Haedo Norte. Trabajé como docente, primero en la Provincia de Chubut, luego en villas de emergencia del Gran Buenos Aires, en barrios, y como docente bibliotecaria. Hice parte de la carrera de psicología, soy Acompañante Terapéutica, estudié dirección psicodramática, en Nuevo Espacio, dirigido por Eduardo Pavlovsky, …me formé literariamente entre otros cursos y actividades, en el Grupo Roberto Arlt. Realicé muchísimas actividades culturales propias y ajenas, con gente muy valiosa. Coordiné numerosos Talleres Literarios, y desde hace diez años, coordino para el Área Letras del Municipio de Morón. Ya verán que publiqué hasta ahora cuatro libros, (algunos en colaboración con artistas plásticos) y están por llegar los siguientes. Escribí,…siempre escribí, amo escribir. Aunque a veces me asuste, la vida es así, lo que se ama, asusta…no?

martes, 6 de enero de 2015


REGALOS DE REYES... A PESAR DE HABER SIDO EDUCADA EN UN HOGAR AGNÓSTICO, RECIBÍA ALGUNOS REGALOS PELEADOS A LA VIDA POR MIS PADRES, Y HASTA ADOLESCENTE MIRABA POR LAS RENDIJAS DE LA PERSIANA DURANTE LARGAS HORAS, PARA VER SI POR UN RAYO DE LUZ DORADO BAJABAN EN MEDIO DEL TERCIOPELO NEGRO DE LA NOCHE, ESOS REYES MÁGICOS, HASTA MI ESQUINA- 
COMPARTO UN CAPÍTULO DE "LIBRO DE JUEGOS (NOVELA)"Ed. del Dock- y los dibujos de Federico Mañanes.



“Libro de Juegos (novela)”

INVENTARIO
Hay inventarios largos, tediosos. Este no, es breve, desprovisto,
finaliza pronto. Intenta ser sintético, pero preciso. Útil, en el sentido
o los sentidos en los que un inventario puede llegar a serlo.
El nombre de la persona a la cual se refieren estas pertenencias,
es Fanny, el personaje de esta novela, en todos los relatos siempre
será Fanny.
El botiquín.
Algunos frascos medicinales, con sus etiquetas. Rellenados con
agua.
Algunas cajitas de cartón, donde hubo comprimidos, de diversos
colores, tamaños, tipos de letras y grados de deterioro del cartón.
Envases de metal blando, con forma de pomito, piquitos alargados,
para facilitar la aplicación de las cremas dermatológicas, ya
retorcidos, con la promesa de contener algo todavía.
Todo guardado en cajoncito de madera, pintado de verde claro,
(al mudarnos, quedó en la primera casa). Año 1956.
La heladera.
Con procedencia de mano de familiar odiado, no llegó nueva, algo
cascada la pintura blanca. Pero igual deslumbró, con su pollito de
plástico y algunas verduras del mismo material. ¿O la memoria
engaña y eran de yeso coloreado?
La puerta cerraba sola, con un sistema de resortes y tenía una
manijita. Se puede deducir su origen, desde otra clase social. Llegó
a nuestra segunda y definitiva casa.
Dos muñecas de yeso.
Fueron traídas desde Mendoza, provincia de la República
Argentina, zona de Cuyo, sobre la Cordillera de los Andes, allí se
fue a vivir de joven el tío Fede y la joven y bella tía Juanita y no
volvieron más a Bs. As., salvo a visitar amigos y parientes, entre
ellos mi madre, Emilia, hermana adorada de mi tío adorado por mi
madre.
Inquietantes, abrían y cerraban los ojos a través de mecanismos
de alambres que quedaron luego al descubierto, una vez que mi
hermana y yo les hundimos, con el propósito de investigar como
lograban ese movimiento, la parte del iris celeste vidriosa.
Dos dientes blancos, brillantes, asomados por debajo del labio
laqueado de rojo.
Vestidas a la manera de niñas de las praderas de Europa Central.
Je.
Demasiado moño y tela, las fuimos desguarneciendo, hasta que el
tiempo se las llevó.
Un mono de paño cuadriculado.
En tonos opacos, grises y marrones, luego quedó para siempre en
una foto de las tres hermanas, ya en posesión de la menor, con el
antecedente de habérmelo regalado alguien que sufría profundos
desórdenes mentales en períodos de ocultamiento, reaparecía en
la vida familiar con sus ojos negros, una boca muy linda y sonrisa
pacífica. Era un juguete dulce, ya que esa persona era querida
por mí. Y era el miedo a la locura.
Martillo pequeño.
Fugado de la caja de herramientas paterna, metálico, incluido el
mango. Para clavos finitos. Sirvió para construir muebles del hogar
a mínima escala, con maderitas juntadas aquí y allá. Una vez
armados eran abandonados en el fondo del terreno, o pisoteados
para ver cómo se desarmaban. Ensayo y error. Como en la vida.
Juego de bolos.
De madera, con colores llamativos. Reyes Magos, algún seis de
enero. Se supone que papá tenía muchas ganas de jugar a los
bolos con vecinos y mis amigos. Fue una moda de los barrios que
terminó con la instalación de bares con bowlings, Bowling se les
decía. Voy al Bowling.
Cámara fotográfica de plástico.
A papá le encantaba la fotografía.
Color gris claro, con inscripciones y mediciones sobre chapitas
pintadas de negro, letras y números plateados. Marca Gradosol,
primer registro de imágenes de infancia.
Familia en la Costanera, de espaldas. Vía muerta, pájaros del
vecino, terraza del vecino, con primo menor y hermana menor, yo
en el tapial del chalecito poniendo cara de hermosa y dulce, yo en
el pino de la esquina poniendo cara de hermosa dulce y pacífica.
Todo dudoso, menos hermosa, claro. Del Chevrolet 34 de Luxe,
entrando en Pinamar, playa vip, con colchones en el techo, y
bicicletas en la trompa, vacaciones en carpa. Año 1966.
Muñeco tamaño figura humana. Papel Maché. Año 1966.
Con bigote espeso, rosario permanente entre las manos, apoya su
delirio místico. Representa al militar que ese año comenzó (o
continuó) con el juego de Los Dictadores. Se lo obsequiaron sus
compañeros de división, tercer año del colegio secundario, con
cercanía a grandes destacamentos militares. La mañana en la
que ella entró con su tradicional cara de dormida, el cabello repartido
en dos colitas saltarinas a cada costado de la cabeza, párpados
hinchados de dormir poco, de leer, de reuniones políticas,
sosteniendo los ojos grises, entró y sus compañeros dijeron, con
una sonrisa, “¡Viste, qué suerte!”. El nombre del juguete siniestro,
Juan Carlos Onganía. Regla esencial y única del juego: el
muñeco se arroga el derecho de vida, muerte y dirección ideológica
sobre todas las demás personas.


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